Al entrar en la sala y encontrarme con la obra de Ernesto de la Cárcova
me pareció escuchar a ese hombre golpear la mesa con rabia.
Varias sorpresas me comenzaron a cautivar mientras apreciaba la obra,
que refleja un momento de la vida cotidiana y de sus protagonistas.
Impresionado primero por la tensión, la impotencia del protagonista,
esa furia contenida y expresada en sus manos, su cuello y la postura
de la silla. Los colores ocres que contrastan fuertemente con la luz que
entra por la ventana, ¡afuera pasa algo! y este hombre no puede intervenir.
La mujer demacrada mira el puño crispado sobre la pequeña y humilde
mesa. Toda la escena nos cuenta la pobreza que rodea a esta familia,
la bronca del padre y la desazón de la madre que entrega a través de
sus pechos los últimos restos de energía para alimentar a su hijo.
Al leer el titulo de la obra todo comienza a cerrar y al investigar descubro
que en el lugar de la comida están las herramientas de este hombre;
inútiles ocupando el lugar del pan, contando que mientras estén ahí...
no habrá trabajo y no habrá comida. En la ventana se perciben sutiles
detalles de un enfrentamiento entre la policía y los obreros en huelga
y las fábricas paradas al no humear sus chimeneas. Tres siglos ya
atravesó esta obra y la problemática sigue vigente; es mi puño el que
ahora se crispa y también mi furia la que quiere atravesar esa ventana,
Ernesto... lo lograste.
Sin pan y sin trabajo, obra de Ernesto de la Cárcova.
Óleo sobre tela, 125×216 cm. (1892 - 1893)
Luces y sombras de un modelo nacional - La institucionalización de las artes.

No hay comentarios:
Publicar un comentario